Gladys Ríos tiene 67 años y hace una década decidió cumplir un sueño que parecía imposible: aprender a tocar el violín. Con esfuerzo, fe y mucha dedicación, hoy acompaña los cultos de su congregación y encuentra en la música una forma de expresar su amor por Dios. "Ese es el don que Dios me dio", resume con humildad, mientras sostiene el violín que hace diez años cambió para siempre una parte de su vida.






